miércoles 11 de noviembre de 2009

Apodos filipinos


Uno no puede ser filipino si no tiene un apodo. Pienso que en las familias filipinas los padres pasan más tiempo el apodo que pondrán al niño que va a nacer, que discutiendo sobre el nombre. Aunque no sé porqué, porque al final los apodos suelen ser bastante poco imaginativos: o bien son versiones acortadas del nombre, o bien consisten en variantes de la palabra “baby” o “jun” (por “junior”). Un libro que daba pistas sobre cómo saber si eres filipino decía: eres filipino cuando una de tus hermanas o de tus tías se apoda “Baby” o “Babes”.

Cuando fui a inscribirme a una universidad filipina para hacer un máster, en el formulario de inscripción una de las casillas decía: “Apodo”. La dejé en blanco. Cuando la secretaria cogió el formulario, torció la cabeza.

- Está incompleto. No ha rellenado la casilla del apodo.

- Es que no tengo apodo.

Me miró sorprendida. Encontraba más alucinante que no tuviera apodo que el hecho de que fuera un elefante que hablaba.

- Pero eso no puede ser. Todo el mundo tiene un apodo.- Me enseñó varias de las fichas: “Teresa, “Tess”, Curia”, “Amelia, “Baby”, Sanjuan”, “Romeo, “Rommy”, Sangalan.

- Vale. Mi apodo es “Tiburcio”.

Eso la satisfizo. Durante todo ese año fui “Tiburcio, “Tiburcio”, Samsa”.

Cuando nació nuestra hija tuvimos la clásica pelotera por los nombres. Yo quería ponerle Urraca Soraya. Urraca, porque es un personaje histórico que me cae muy bien. Eso de encerrarse en Zamora y empecinarse, tuvo su aquel. Encerrarse en Sevilla o Granada tiene menos mérito: a ver quién es el guapo que no haría lo mismo, con lo bien que se está allí, pero Zamora… Además debía de ser una mujer que no se andaba con chiquitas, cuando vio que sus hermanos se repartían los reinos de papá y a ella la dejaban una mierdecilla de ciudad donde se pasaba un frío que te pelas, anunció que iría por los campos y se entregaría al primero que pasase: si era cristiano, por placer y si moro, por dinero. Lo de Soraya es por la misma razón por la que contó en una entrevista
cierta política con ese nombre. Dijo que le habían puesto el nombre: para solidarizarme con una mujer que fue discriminada por ser estéril (la primera mujer del Shah de Persia). Bueno, esto es lo que digo cuando me preguntan. Los íntimos saben que me gusta Soraya porque soy un hortera y me fascinan los nombres que aparecen en el “Hola”.

Mi mujer tragaba con lo de Soraya (ella también es muy solidaria), pero no veía claro lo de Urraca. Prefería Marie. Llegamos al siguiente acuerdo: la niña se llamaría Urraca Soraya, pero su apodo sería “Marie”. Fue un acuerdo inútil, al final el apodo de la niña ha sido Caicai, porque se pasó sus primeros cuatro años de vida repitiendo la sílaba “cai”. Cuando ya era mayor, le pregunté porqué se había pasado media infancia diciendo “cai” y no había empezado a hablar hasta los cuatro años. Su explicación fue la siguiente:

- De pequeña me di cuenta de que cuando decía “cai” lo conseguía todo. Te decía “cai” a ti e interpretabas que estaba intentando decir “¿Qué hay?” y te ponías a explicarme lo que estaba sucediendo. Para mamá “caicai” significaba que estaba tratando de decir “kakain” (“vamos a comer” en tagalog) y me daba la comida. La empleada interpretaba “caicai” como “caca” y me cambiaba el pañal. Con una simple sílaba lo tenía todo resuelto.

- Si te funcionaba tan bien, ¿por qué empezaste a hablar a los cuatro años?

- Me había encaprichado con un vestidito que quería que me comprárais, pero diciendo sólo “caicai” no había manera de que me entendiérais.

lunes 9 de noviembre de 2009

Nombres filipinos. Continuación

Los nombres filipinos dan mucho de sí. He descubierto que me había dejado muchas cosas en el tintero en la anterior entrada. Por ejemplo, al General Alqueza, cuyo ominoso nombre es Dictador. O al Sr. Kaiser, cuyos padres estimaron que no era un apellido lo suficientemente imponente y le pusieron de nombre Dominador. Te encuentras a alguien que se llama Dominador Kaiser y lo que menos te apetece es llevarle la contraria. Algo parecido pasa con el negociador gubernamental en el Proceso de Paz de Mindanao, que tiene un apellido tan poco prometedor como Dureza.
Hay un filipino que lleva el singular nombre de Sir (nombre) Dalawampu (apellido). Traducido al español significa: "Señor Veinte".
El fundador del Opus Dei quiso mostrar su devoción uniendo sus dos nombres y creando el nombre de Josemaria. Pues bien, en Filipinas le han ganado a devotos. El alcalde de Makati se llama Jejomar, que es la abreviatura de JEsús, JOsé y MARía.
Finalmente me ha llegado el rumor de que podría haber un filipino que tuviese la desgracia de llamarse Perfecto Cagada. No he encontrado el apellido Cagada, pero sí que he encontrado Cagadas. La formal plural es lógica: quien hace una cagada no suele conformarse con hacerla en singular, sino que reincide. Los ejemplos que tenemos a nuestro alrededor son demasiado numerosos. Por otra parte, el nombre Perfecto existe en Filipinas, como muestra el Perfecto Salvador (no, no es Jesucristo) que he encontrado. Así pues, tal vez no exista un Perfecto Cagada, pero es perfectamente posible que entre los 90 millones de filipinos alguno lleve la cruz de llamarse Perfecto Cagadas.

sábado 7 de noviembre de 2009

Nombres filipinos


A mediados del siglo XIX las autoridades coloniales españolas decidieron que los filipinos tenían que tener un apellido y elaboraron listas de apellidos. No sé bien si cada filipino escogió su apellido o si les fueron asignados. Tampoco sé los criterios con los que se elaboraron las listas. Lo que sí sé es que hubo un cachondo metido en su confección. Si no, no se explica que en Filipinas haya apellidos como Ilusorio, Lastimoso, Papeleras, Gayola o Añonuevo. Conocí a una filipina de apellido Peligroso, que se casó con un español apellidado Guerrero; en algún lugar del mundo hay ahora unos niños que llevan la cruz de apellidarse Guerrero Peligroso.

Se ve que a los filipinos les quedó el gusto por los nombres raros y se estudiaron el santoral con fruición. Fruto de ese estudio fueron nombres como Dominador, Filemón, Onésimo y Nemesio. Conocí a una familia que a cada hijo le puso un nombre que comenzase por la letra del alfabeto correspondiente a su orden de nacimiento. Al que nació en séptimo lugar, le correspondió la “G”. Teniendo el nombre de Gonzalo disposible, la familia optó por el más original de Godofredo. Para terminar de arreglarlo, le pusieron un segundo nombre: Epitacio. Pocas veces he visto mayor justificación para cometer un parricidio.

Me contó un banquero, que en cierta ocasión tuvo que tratar de negocios con un filipino que se llamaba Cielito. Hicieron las presentaciones y el filipino le dijo: “Llámeme Cielito”. El banquero me dijo: “¿Cómo explicarle sin ofenderle que no puedo hacer negocios con alguien a quien llamo cielito? Decir cielito es incompatible con hablar de tipos de interés.”

Cuando llegaron los norteamericanos y los nombres de raigambre hispánica empezaron a quedar un poco arrumbados, el ingenio filipino inventó nuevos nombres. Algunos eran meras reformas ortográficas de nombres anglosajones: Jeorge, Jeaneth (este nombre da mucho juego: Yanet, Jeannet, Yaneth…). Otras veces combinaciones ingeniosas de nombres: Monicaridad (dos nombres en uno; se ve que el padre quería Mónica y la madre, Caridad); Jenessa (hábil combinación de Jennifer y Vanessa); Luzviminda (este nombre es muy patriótico; combina los nombres de los principales componentes del archipiélago filipino: LUZón, Visayas y MINDAnao. También he visto el nombre Luzminda; se ve que a los padres no les gustaban las islas Visayas).

Una de mis historias favoritas de nombres filipinos es la de la señora que puso a su primera hija Princess. A la segunda le puso Queeny. Cuando nació la tercera, su hermana mayor llegó y le dijo: “A ésta el nombre se lo pongo yo, que si no la vas a llamar Empress”.

Pero los filipinos no se quedaron tranquilos con buscar nombres raros para nombrar a sus hijos. Cuando empezaron a convertirse a las iglesias evangélicas norteamericanas, debieron de pensar que si al reino de los humanos los nombres originales le sientan bien, lo mismo debe de ocurrir con el Reino de Dios.

Recientemente estuve en Manila y vi algunos letreros que me llamaron la atención. Por ejemplo, “The Holy Spirit driven church”, al principio lo leí mal y entendí “The Holy Spirit Driving Church” y pensé que era una autoescuela en la que además celebraran misa los domingos.

En el barrio de Parañaque me encontré con un centro católico que se llamaba “Hermanas crucificadas. Adoradoras de la Santa Eucaristía”. No dan ganas de entrar ahí. Uno se imagina que se va a encontrar en el vestíbulo a un par de señoras clavadas a sendas cruces.

También había la “First born christian school” que me causó ciertas dudas: ¿dónde tienen que estudiar los siguientes hermanos? ¿en una escuela musulmana? ¿o acaso tienen que quedarse sin escolarizar?

Peor es la “Risen Christ School”. Literalmente es la Escuela de Cristo Levantado (se sobreentiende que de entre los muertos). Es un nombre que me da cierto yuyu. Me hace pensar en una película de zombies. ¿No podrían llamarla sencillamente “Escuela de Cristo Resucitado”?

Otra iglesia se llamaba “Jesus is the answer” (“Jesús es la respuesta”). Bonito nombre, pero ¿cuál es la pregunta? ¿Nombre real de las personas a las que familiarmente se trata como Suso? ¿Exclamación que solía hacerse cuando alguien estornudaba a nuestro lado? Y además, teniendo en cuenta que vivimos en un universo caótico y a veces un poco perverso, ¿y si ahora que conocemos la respuesta, nos cambian la pregunta?

jueves 5 de noviembre de 2009

Los vatsiputriyas

El budismo ha desarrollado un método muy interesante para tratar con las opiniones divergentes en su seno. Consiste en afirmar que Buda dio distintas enseñanzas en distintos momentos, en función del grado de madurez espiritual de sus oyentes. Así pues, si tu escuela budista discrepa de la mía, es porque sois algo tontuelos y no podíais entender la doctrina definitiva y fetén que es la mía, pero paciencia, que con unos cuantos centenares de reencarnaciones más os pondréis a mi nivel y seréis capaz de entender mi escuela. Como manera de tratar a los discrepantes me parece mejor que empleada por las religiones monoteístas: prefiero que me llamen tonto a que me quemen en la hoguera por hereje.

Si hubo en la Historia de budismo alguna escuela que estuvo a punto de que el budismo se olvidase de su tolerancia y la tratase de hereje, ésa fue sin duda la escuela de los vatsiputriyas.

Los vatsiputriyas aparecieron unos dos siglos después de la muerte de Buda. Posiblemente surgieran para dar respuesta a la vieja cuestión del budismo de que si no hay un yo, ¿quién coño ser reencarna y sufre las consecuencias del karma? Ya conté cómo los sarvastivadins quisieron responder a esa cuestión sin tocar la doctrina del no-yo y llegaron a unas conclusiones de lo más peculiar. Los vatsiputriyas decidieron coger el toro por los cuernos: si tenemos un dilema sobre la reencarnación y el karma, tal vez deberíamos meterle mano a la doctrina del no-yo. Para poner el tema en perspectiva: es como si en el cristianismo uno se pusiese a revisar la doctrina de la doble naturaleza humana y divina de Cristo; Arrio lo hizo y montó la que montó. Pues lo mismo con los vatsiputriyas.

Los vatsiputriyas pensaban que la persona es una sustancia inexplicable, lo que no es la manera más adecuada de empezar una aclaración. El budismo afirma que la persona no es ni distinta de los agregados que la componen (afirmarlo nos llevaría al eternalismo brahmánico) ni es la misma que los agregados (afirmarlo nos llevaría al nihilismo). Los vatsiputriyas negaban que el mero conjunto de los cinco agregados que componen el cuerpo-mente pudiera ser considerado como una persona, cuyas acciones generasen un karma o le llevasen a la liberación. Quien realiza acciones kármicas y se libera es alguien que no es ni el mismo que los agregados ni distinto de ellos. Los vatsiputriyas explicaban su postura utilizando el símil del combustible y el fuego. Un fuego no puede ser considerado como tal si no hay un combustible. El fuego no es ni lo mismo que el combustible, pero tampoco es diferente. Si fuera lo mismo, resultaría que lo que es quemado es idéntico a lo que le hace arder. Si fuera diferente, el combustible no podría arder. Me he hecho un lío, pero ya tengo claro porqué los vatsiputriyas consideraban que la persona era una sustancia inexplicable.

Los vasiputriyas consideraban que la cuestión de la existencia de la persona era una de las cuestiones que Buda había dejado sin contestar para que sus discípulos no se calentaran innecesariamente la cabeza con especulaciones metafísicas. Para el resto de las escuelas budistas, Buda había dejado bien clarito que no había persona.

Aquí hay que mencionar a los sammatiyas, cuya relación con los vatsiputriyas no la veo clara. Se habla de que tras la muerte de Buda la sangha se escindió en 18 escuelas, pero los autores no se ponen de acuerdo ni en el nombre de las escuelas. Así he visto quienes dicen que los sammatiyas fueron una escisión posterior de los vatsiputriyas, quienes dicen que los sammatiyas eran anteriores o incluso quienes afirman que eran dos escuelas paralelas que defendían posturas parecidas sobre la persona.

Los sammatiyas veían a la persona como una especie de transmisor del karma. Un acto genera un karma que fructificará en un momento futuro. La persona sería una esencia a la que esa semilla kármica se adheriría de alguna manera. Si hubieran nacido en el siglo XX seguramente habrían establecido el símil de la nevera y el imán de nevera. El imán de nevera necesita una superficie a la que adherirse hasta que llegue el momento en que se le despeque el imán, se caiga al suelo y se rompa (siempre ocurre). La persona sería esa nevera. Mi símil tiene un fallo y es que, para ser totalmente fieles al pensamiento sammatiya, tendríamos que asumir que la única razón por la que uno compra una nevera es para poder colgarle un imán de nevera.

Lo que más me interesa de la historia de los vatsiputriyas-sammatiyas es que la oposición que generaron muestra que desde muy pronto la línea mayoritaria dentro del budismo consideró que la doctrina del no-yo constituía una de las esencias de la filosofía budista. Este énfasis se debe probablemente a dos hechos: por un lado, debió de ser una doctrina que Buda predicó efectivamente y sobre la que hizo especial hincapié; por otro, es la doctrina que más singulariza al budismo como algo diferente del hinduismo, al cual siempre se le colaba por algún lado el concepto de “atman” o yo absoluto y permanente.

lunes 2 de noviembre de 2009

Palawan (2)

El taxi típico en Puerto Princesa es el triciclo. A pesar de su nombre, son vehículos muy amplios y versátiles. Nosotros hemos llegado a ir: dos adultos, dos niños, el triciclero y las maletas y aún nos parecía que estábamos infrautilizando el espacio.
El triciclo puede servir también como fuente de anécdotas, como el que cogimos durante una tormenta y cuyo techo resultó que tenía goteras. O el que pinchó mientras nos llevaba a Baker's Hill:


Espero que el triciclero hubiera pedido recibo de la factura y que hubiese garantía, porque la siguiente foto corresponde al mismo triciclo y fue tomada media hora después:





Los filipinos tienen una capacidad increíble para mezclar bellezas naturales con lo peor del kitsch hollywoodiense. Lo triste es que ésa no era la peor estatua del parque público. La peor era ésta:


No acabo de entender la idea: en un parque público concebido para familias con niños colocan una estatua de una señorita apoyada a una farola, haciendo lo obvio. Para terminar de arreglarlo, le colocan una máscara, porque se acerca Halloween. ¡Insuperable!


La foto no hace justicia a lo que vi. En una ladera preciosa de un monte, sobre un terreno que mediría una hectárea, estaban construyendo dos mansiones tirando a pastelonas. Lo que la foto recoge no es una de esas mansiones, sino la caseta del perro.
Lo que me llamó la atención es el letrero que había a la entrada y que se ve en la foto en color azul. El letrero decía: "Comodoro Fulano (jubilado). Mansión". Dado que los sueldos en las Fuerzas Armadas filipinas no son demasiado generosos, esta mansión es un testimonio de la sabiduría ahorradora del Comodoro Fulano. O eso, o es el testimonio de otra cosa, que empieza por "c" de Camps y Costa.





domingo 1 de noviembre de 2009

Palawan (1)

La isla de Palawan se encuentra al oeste del archipiélago filipino. Su costa este da al Mar de Sulu y la oeste al Mar del Sur de la China.
El gobierno local ha llevado hasta ahora una política muy inteligente de protección del medio ambiente y no se ha embarcado en una de esas políticas ruinosas a largo plazo de fomentar el turismo de masas a toda costa. Ojalá nosotros hubiéramos hecho lo mismo en la costa mediterránea.

Atardecer. El mar se estaba empezando a poner encrespado y aún nos quedaba un rato para llegar al embarcadero. Cuando uno va en una bangka, el mar encrespado impresiona.

Uno sabe que está viendo una foto de una playa filipina cuando hay dos elementos: 1) Bangkas, las barcas típicas filipinas, en el mar; y 2) Ningún filipino, salvo los niños, bañándose en el mar. A los filipinos les gusta poco la playa por dos motivos. El primero es que no les gusta ponerse morenos. Alguien debería decirles que a partir de determinado nivel de pigmentación en la piel, un poco más de color ya no importa. El segundo es que muchos no saben nadar. Paradójico, en gente que vive en un archipiélago.


Vehículo tradicional filipino que se mueve a base de biocombustibles.



Entrada al río subterráneo que Filipinas desea que sea desginado como una de las maravillas de la naturaleza por la UNESCO.




Esta formación rocosa en el interior del río subterráneo recibe el nombre de la Sagrada Familia. Siendo Filipinas, en cada piedra los filipinos han visto o bien una Madonna, o bien un Santo Niño de Cebú o bien las 11.000 vírgenes cada una con su palma y su corona. Yo, quitando a la Sagrada Familia, por más que me esforzaba no veía más que formas fálicas y otras redondeadas que parecían nalgas. Evidentemente, los filipinos y yo habíamos fumado cosas distintas antes de entrar en el río.




Esta farola me hizo gracia. Según el tiempo que haga, puede aprovechar o bien la energía eólica o bien la solar.

Hasta aquí las fotos bonitas. El próximo día pondré las fotos curiosas.






jueves 22 de octubre de 2009

Se respira mal en las alturas

Los regímenes autoritarios y cerrados suelen generar un tipo especial de persona: el enterado. El enterado es aquél capaz de leer entre líneas, de percibir señales sutiles y intuir quiénes están en ascenso y a cuáles están a punto de darles una bofetada que les va a salir humo de la cabeza. Tras el final de la Unión Soviética, el nuevo terreno predilecto para las especulaciones de los enterados es China.

Sea el régimen que sea, los enterados parten de una serie de presunciones. La primera es que en los regímenes autoritarios la ropa sucia se lava en casa. Por fuera no pasa nada, pero por dentro llueven las bofetadas. Las querellas que no se pueden airear abiertamente se exhiben en sordina. Por todo ello, las pequeñas señales tienen en los regímenes autoritarios el mismo peso que las descalificaciones más ásperas en las democracias. El problema es que son más difíciles de leer. No hay que ser muy listo para leer unas declaraciones de Rajoy y comprender que Zapatero le cae como una patada en la tripa, pero ¿cómo interpretar que el presidente Hu Jintao llegase tres minutos tarde a la inauguración de las oficinas del Partido en La Chingao? Ahí es donde entra en juego el enterado.

La segunda presunción es que en el seno del régimen hay una continua rebatiña por conquistar el poder, exactamente igual que en cualquier otra institución humana. Esa rebatiña hace que se formen conventillos, que suelen cohesionarse sobre la base de un origen común. Nada une más que venir de la misma provincia o pertenecer a la misma promoción y haber pasado por las mismas novatadas. El análisis de los conventillos tiene dos complicaciones: hay gente experta en nadar entre dos aguas y de la que nunca se sabe a ciencia cierta a qué grupo pertenecen; siempre hay traidores, dispuestos a cambiar de grupo a poco que les hagan una oferta interesante.

Una tercera presunción de los enterados es que en las alturas del poder se respira mal: siempre hay alguien echándote la mano al pescuezo para que te apartes.

Los enterados han detectado que hay dos conventillos que son los que cuentan ahora en el seno del Partido Comunista Chino: los principitos (no, ninguno de ellos se llama Felipe ni mide dos metros) y los de las juventudes comunistas (a pesar del nombre la artritis les causa más problemas que el acné juvenil).

El Presidente Hu Jintao realizó sus pinitos políticos en la Liga de las Juventudes Comunistas y en puestos en las provincias del interior. Ello hizo que cuando saltó a la palestra en Pekín descubriera que le faltaban contactos en el aparato central del partido y recurriera a la vieja costumbre de promover a viejos conocidos de la Liga de las Juventudes Comunistas. Algunos de los que se han visto beneficiados por el dedazo de Hu Jintao, han sido Li Keqiang, al que parece que querría promover a Primer Ministro en 2013, Zhou Qiang y Hu Chunhua. En cualquier burocracia jode que haya listillos que no esperen su turno y te adelanten por la izquierda porque tienen contactos con el jefe, así que las cosas están calentándose en la cúpula china y hay algunos que les tienen ganas a los de las juventudes comunistas.

El clan de los principitos agrupa a los hijos de los líderes que hicieron la revolución en 1949 y su representante más destacado es el Vice-Presidente Xi Jinping. Los principitos fueron educados en la ortodoxia más estricta e imbuidos desde su infancia de su papel de élites del Partido. Pero la mayor parte también se vio sacudida por los vientos de la Revolución Cultural y a pesar de su posición protegida sufrió sus consecuencias: Xi Jinping vió cómo purgaban y encarcelaban a su padre y a él le enviaban a hacer trabajos manuales durante seis años; el padre del ex-Ministro de Comercio Bo Xilai fue encarcelado y su madre muerta a golpes, mientras que él tuvo que pasar cuatro años dedicado a trabajos manuales; Li Yuanchao, el jefe del Departamento de Organización del Partido, también pasó cuatro años dedicado a trabajos manuales… Lo que diferenció a los principitos de muchos otros chinos fue que, cuando los vientos de la Revolución Cultural hubieron pasado, pudieron reanudar sus estudios y ascender en el aparato del Partido.

Para terminar de complicar las cosas, hasta hace unos años tenía mucho peso el denominado Clan de Shanghai. El ex-Presidente y predecesor de Hu Jintao, Jiang Zemin fue alcalde de Shanghai, donde creó una vasta red clientelar, que tuvo prominencia durante su mandato. Hu ha hecho lo posible para debilitar al clan de Shanghai. Lo más sonado fue la destitución fulminante del primer secretario del PCCh en Shanghai, Chen Liangyu, en 2006 por corrupción. Después de eso, los de Shanghai si tienen que pensar en apoyar a una facción no será precisamente a la de Hu a la que apoyen.

Estas luchas intrapartidistas tienen un aderezo especial en el sistema de gobierno del Partido, que hace que tiene tres particularidades: la primera es que el ejerciente esté todo el rato sintiendo en su pescuezo el aliento de su predecesor, que está retirado pero menos; la segunda es que sea el predecesor quien le imponga a su sucesor quién le sucederá a su vez; la tercera es que el ejerciente no se sienta nunca en libertad completa para designar los altos cargos, sino que deba buscar un cierto consenso que contente más o menos a las distintas facciones.

Cuando en noviembre de 2002 Jiang Zemin supuestamente se retiró, no quedó muy claro si se iba definitivamente o si se iba a la manera de Deng Xiaoping en su día, yéndose, pero quedándose. Para empezar, mantuvo su puesto de presidente de la Comisión Militar Central, el mismo que tenía Deng durante los años que pretendió que no mandaba nada y desde el que defenestró a Zhao Ziyang. En 2004 Jiang Zemin se vio obligado a abandonar la presidencia de la Comisión Militar Central, pero siguió manteniendo un despacho allí y continuó manteniendo contactos con los mandos militares.

Un jefe toca las pelotillas, pero al menos sabes de dónde van a venir los golpes. Con un ex-jefe que se ha jubilado pero menos, la cosa se complica. En julio de 2009 Hu Jintao se encontraba en Roma con el fin de asistir a la reunión del G-8 y de tomar finalmente una buena pizza en condiciones, que en China no hay manera. Entonces estallaron los disturbios en Xinjiang y Hu Jintao tuvo que volver echando leches a China. La versión que circuló fue que volvió para hacerse cargo de la situación. Pero hay otra versión más malévola que dice que a Hu no le preocupaban los manifestantes, que de sobra sabía que las fuerzas del orden tenían la situación bajo control. Lo que le preocupaba era Jiang Zemin, que andaba en Pekín criticando lo mal que estaba gestionando Hu la situación. La Historia reciente de China muestra que Hu tenía motivos para estar preocupado: en 1989 una visita a Corea del Norte, mientras los manifestantes seguían en la plaza de Tiananmen, ayudó a que sus rivales le moviesen la silla al entonces Presidente Zhao Ziyang.

El pasado 1 de octubre tuvo lugar el gran desfile para conmemorar el sexagésimo aniversario de la República Popular. En las dictaduras esos fastos son momentos clave en los que toda la simbología para mostrar quién es quién y quien manda más se despliega. El desfile de este año causó sorpresa. En la tribuna de honor justo por detrás de Hu Jintao, estaba Jiang Zemin. Mucho honor para alguien que supuestamente lleva retirado siete años. Al día siguiente en la primera página del “Diario del Pueblo” había sendas fotos de igual tamaño de Hu y de Jiang. Teniendo en cuenta lo que cuidan las dictaduras de los símbolos, sólo hay una lectura posible: hay arriba deben de andar a tortas.

El que debe de estar jodido con estas historias es Xi Jinping, porque cuando dos grandes se pelean, siempre se escapa alguna bofetada y él está en primera línea para recibirlas.

Del 17º Congreso del PCCh, no salió un sucesor claro, sino dos candidatos a delfines: Xi Jinping y Li Keqiang. Parece que Hu Jintao prefería a Li Keqiang, pero Jiang y los más veteranos le impusieron a Xi Jinping quien, por tener mayor antigüedad y haber sido el más votado, partiría con algo de ventaja con respecto a Li. No obstante hubo un dato significativo en el Congreso: Xi Jinping no accedió a la Comisión Militar Central. Hu sí que había formado parte de esa Comisión durante los años que fue el delfín designado de Jiang. No acceder a la Comisión y tener la rivalidad de Li Keqiang convertía a Xi en un delfín devaluado.

No tengo claro lo grande que fue el rebote que se cogió Xi en su día, pero parece que ahora que Hu siente detrás de la oreja el aliento de Jiang Zemin, Xi se está desquitando. Los enterados ya han tomado nota de que durante su reciente visita a Alemania, Xi rompió con la práctica habitual y en lugar de transmitir a sus interlocutores los buenos deseos de su señorito Hu Jintao, les transmitió los parabienes de Jiang Zemin e incluso les regaló sendos y sin duda interesantísimos libros escritos por él.

En 2012 Hu Jintao tendrá que retirarse. Hasta ahora los enterados han dado por supuesto que Xi Jinping le sustituiría y que Li Keqiang asumiría el puesto de Vice-presidente, pero según se están poniendo las cosas, muchas cosas pueden cambiar y a más de uno se le puede cortar la respiración. Verdaderamente, se respira muy mal en las alturas.